Prólogo- 1x01 de Juego de Tronos

 ¡Valar dohaeris, seguidores de la saga de Canción de Hielo y Fuego y adoradores de George R.R Martin!

Empezamos a analizar la saga de Canción de Hielo y Fuego a través del prólogo del primer volumen, Juego de Tronos, que nos presenta una escena entre deprimente y siniestra. Will (antiguo cazador furtivo) está de exploración más allá del Muro buscando salvajes con Gared (veterano de la Guardia) y ser Waymar Royce (recién llegado al Muro). Se nos habla de la Guardia de la Noche en sí misma (una institución muy antigua, como se verá en otros capítulos) de un conflicto basado en la clase social y de una amenaza que se cierne sobre Poniente.

La primera en la frente, y lo digo bien alto: los capítulos que tienen como punto de vista a personajes que están en el Muro no me gustan ni un poquito (con excepción de Jon VIII de Juego de Tronos y Jon I de Choque de Reyes). En mi opinión, EN MI OPINIÓN, que no se ofenda nadie, son capítulos que, si bien te cuentan la historia de la Guardia y de cómo está organizada y sobrevive, etc., etc., al mismo tiempo tienen un toque aburrido que no se disipa en ningún momento (y mirad que he leído capítulos que se sitúan en el Muro o más allá del Muro y he intentado encontrarles un punto bueno, pero es imposible). Pero tenemos que analizar este capítulo, y nos queda mucho Muro y mucha Guardia por ver, así que vamos allá.

A diferencia de otros prólogos de obras de fantasía, que se centran generalmente en plantear el argumento y construir el mundo en el que se desarrollará la obra (el famoso world-building), el prólogo de Juego de Tronos se centra en el horror, el suspense, la acción y la localización física, pero ya desde los primeros párrafos nos introduce en las costumbres e instituciones de Poniente.

Antes he mencionado el conflicto de clase social como uno de los pilares de este capítulo, y se nos muestra desde el principio cómo influye esto en el desarrollo de la historia.

Por un lado está Gared, un hombre que lleva casi toda su vida en el Muro y que tiene una amplia experiencia en el tema de las expediciones, y al que se supone que TIENE que hacérsele caso cuando da consejos. Por otro lado está Ser Waymar Royce, “el hijo mayor de una antigua Casa con demasiados herederos” (los Royce, una familia noble del Valle de Arryn que será muy importante una vez que avance la trama), un guaperas gallito que lleva la friolera de seis meses (seis meses, recordémoslo) en el Muro y que, en cuanto se presenta la oportunidad de salir de exploración, va corriendo a ver a su comandante y no le pide, sino que le exige a su comandante que lo ponga al mando. No contento con eso, dice que no piensa ser el hazmerreír del Castillo Negro cuando Gared aconseja volver (porque los muertos están muertos, como dice el mismo Gared, y no hay nada que hacer con ellos) y obliga a Will, nuestro punto de vista, a guiarlo hacia el lugar donde ha visto un campamento de salvajes.

¿Qué nos enseña esto? Que hasta en la Guardia de la Noche, que se supone que es el único organismo de Poniente donde todos sus integrantes son iguales en dignidad y derechos (porque cuando alguien llega al Muro, no importa lo graves que sean sus delitos, estos se borran) hay amos y siervos, gente que ordena y gente que se ve obligada a obedecer órdenes, y que no puede decir nada para contrariarlas porque el honor los obliga (literalmente en el prólogo se dice esto). ¿Y por qué están obligados? Pues porque ser Waymar es caballero, y Gared y Will son criminales. Blanco y en botella, superioridad social. Por esto, aunque Gared y ser Waymar choquen una y otra vez, al final es el noble quien se sale con la suya, no sin antes decirles a sus compañeros de expedición que no se les ocurra encender un fuego (porque esperar en la oscuridad completa es mucho mejor que tener un foco de luz ante el que calentarse, claro que sí).

Aquí podemos ver que el orgullo de Waymar Royce es tan desmedido y su estupidez tan grande que se niega a aceptar la realidad: que no está para nada preparado para la expedición y que tiene un miedo que no le deja ver más allá de sus propias narices y de su propio ego. En el capítulo se ve que no tiene NI IDEA de lo que está haciendo (lleva un caballo que no es el adecuado para el terreno, no sabe los efectos que tiene el frío polar que hace más allá del Muro, va cortando ramas con la espada sin importarle que se le enrede porque, oh sorpresa, tiene una espada forjada en un castillo) y lo único inteligente que dice es que hace demasiado calor para que la gente muera congelada, pero aun así trata de tragarse su miedo y hacerse el valiente. Se pasa casi todo el capítulo intentando apartar de sí el fantasma del fracaso, y no lo consigue.

Y, además, tiene tantos miedos y tanto miedo de reconocerlos a la vez que se los endosa a los otros (los muertos, el frío, la oscuridad, el viento, los sonidos extraños que oye en el claro donde está el campamento). Por eso, antes que hacerse pequeñito y reconocer lo que le falta (valentía y experiencia) prefiere decir “yo soy el jefe” y negarse a hacer lo que le aconsejan. ¿Resultado? Acaba muerto, y Will con él. Y sí, sé que muere enfrentándose a los cinco Caminantes Blancos, gritando el nombre de su rey y de su señor, pero eso no quita que, a mis ojos, sea un cobarde. ¿Cuántas veces hemos visto a gente que dice “yo soy el mejor” pero que a la hora de la verdad corre a esconderse porque el miedo es más fuerte que él?

Por el contrario, Gared sabe lo que hay más allá del Muro y, como lleva la mitad de su vida allí, sabe cómo comportarse en una exploración, pero como sabe que Waymar es el que está al mando (y en la Guardia tienen el sentimiento de la obediencia muy arraigado) está obligado a obedecerlo. Ni puede ni quiere considerarse de igual nivel que un caballero. Gared probablemente tenga más de sesenta años, de los que lleva cuarenta en el Muro, y aun así retrocede cada vez que ser Waymar lo ataca. Se burla de él a sus espaldas, sí (por eso Will dice que es difícil aceptar órdenes de un comandante del que te burlas cuando bebes) pero en el asunto de la hoguera, que habría podido salvarles la vida (porque el fuego mata a los muertos, eso lo sabe cualquiera que esté versado en Canción) acepta no hacerlo. Y, paradójicamente, al aceptar la decisión de ser Waymar él es el único que queda con vida.

También se nos dice que los nobles tienen derechos sobre la tierra y que castigan a los furtivos (por eso Will acaba en el muro, por despellejar un ciervo que pertenece a un noble) y que, como es normal, existe el derecho de primogenitura (masculina en un primer acercamiento). Por ello, cualquier familia noble que tenga más de tres hijos se ve en la incómoda posición de buscar una solución, y acaban volviéndose hacia el Muro, que parece una presa de contención (spoiler: el juramento de la Guardia de la Noche especifica que sus miembros no pueden tomar esposa ni tener hijos). Esta contención también se ve en el hecho de que la Guardia no impida que los salvajes se acerquen al Muro en pequeños grupos (aun a riesgo de muerte).

Finalmente, quiero hacer un pequeño homenaje a Will, que pasa casi de puntillas por el capítulo (aunque el punto de vista es el suyo). Cuando el frío empieza a hacerse más denso (señal de que los Caminantes Blancos se acercan) Will sabe que, si grita, lo verán, y por eso se queda subido a un árbol, del que no se mueve hasta que su comandante ya está muerto (y para los que dicen que podría haber salido corriendo, no puede, está SUBIDO a un árbol, y como baje, se lo cargan). Pero, cuando parece que todo ha acabado, Will tiene una idea que lo convierte en una persona valiente, aunque no llegue a ejecutarla, coger la espada e ir al Castillo Negro para advertir a los miembros de la Guardia de que se acerca una amenaza.

En conclusión, un capítulo movidito para empezar, y aunque no me guste, debo reconocer que, después de unas cuantas lecturas, se acaba por entender que es una buena manera de que nos demos de cabeza con el verdadero asunto que vertebra toda la saga, a fin de cuentas. ¿Qué os parece a vosotros?

 

 


Comments

  1. ¡Hola, Javi! Muy interesante tu punto de vista sobre el prólogo y los puntos que destacas. Rescato una de tus frases, “la primera, en la frente”: y esto es lo que para mí define este prólogo. Martin nos planta en los morros lo que se viene y después hace que no olvidemos.

    Debo decir, sin embargo, que disiento en cuanto a lo aburrido de la trama del Muro (sorpresa🤣). Si bien podría llegar a compartir tu opinión después de la primera lectura, desde la relectura me parecen capítulos muy interesantes y que te van manteniendo conectado, precisamente, con toda estes trama mágica de más allá del muro.

    Por último, reseñar el tono informal con que estructuras el análisis, hace que sea una lectura amena y que te saque una sonrisa.

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